«La montaña no puede pretender ser el nacimiento del río y su desembocadura en el mar.» – Oscar Maqueira Escudero
Exacto, todos tenemos un papel que cumplir, una responsabilidad y tareas encomendadas, en nuestra vida profesional y personal. ¿Por qué nos tenemos que empeñar en querer hacerlo todo nosotros cuando tenemos a nuestro alrededor personas igualmente válidas? Vale, quizá el resultado no sea 100% el que esperábamos, pero ayudará a nuestro delegado a evolucionar y a nos liberará de cargas no necesarias disponiendo de un tiempo valioso para centrarnos en aquellas tareas que inexorablemente sí debemos realizar nosotros mismos.
Primera clave, admitamos el fallo para poder aprender: no sabemos delegar.
Segunda clave, ¿qué es delegar? Dotar a un tercero de la potestad de actuar y ejecutar tareas en nuestro nombre.
Tercera clave, ¿qué no es delegar? Aprovecharnos de nuestra incapacidad e incomodidad que nos produce realizar ciertas tareas, así como de la amabilidad de los que nos rodean, para que realicen esas tareas por nosotros.
Parece entonces que uno de los parámetros a tener en cuenta a la hora de delegar es determinar qué tareas son propicias para ser delegadas. Según la matriz de Eisenhower, aquellas que son urgentes pero no son importantes reúnen las características necesarias para poder traspasarlas a otra persona para realizarlas por nosotros. Podremos liberarnos entonces de aquellas actividades que hay que realizar pero no nos suponen un avance hacia la dirección de nuestros objetivos, y quizá sí que sean importantes para nuestro delegado. Bien porque le otorgamos de una responsabilidad que normalmente no tiene, o porque le permite aprender y evolucionar profesionalmente o en un área concreta, por poner algunos ejemplos.
La delegación no nos exime de la responsabilidad de los resultados de la ejecución de la tarea por nuestro delegado, es más, deberemos establecer los controles necesarios para asegurarnos que:
- Se ejecutan las tareas de manera adecuada
- Podemos realizar un seguimiento de nuestro delegado y sus dificultades o nivel de confianza para poder seguir desarrollando la tarea
- Medimos los resultados de manera efectiva en base a las características del delegado
Con respecto a este último punto, no podemos olvidarnos que la tarea no la estamos realizando nosotros, sino otra persona, por lo que no podemos esperar los mismos resultados que si la estuviéramos ejecutando nosotros mismos. Y he aquí una consideración muy a tener en cuenta a la hora de delegar: bajar el nivel de exigencia. Esto nos permitirá medir los resultados de una manera más objetiva en términos de quién y qué, y podremos dotar a nuestro delegado de la confianza necesaria sin incurrir en desgaste y estrés innecesario que pueda afectar a un buen resultado de la tarea.
Cabe destacar entonces, que la elección del delegado apropiado no debería ser aleatoria, o en base a alguna forma de nepotismo. Eligiendo a la persona adecuada, podremos desarrollar los avances necesarios en la carrera profesional de las personas de nuestro equipo, equilibraremos balanzas y contribuiremos a satisfacer las necesidades de reconocimiento y autorrealización del delegado.
Quiero terminar con un par de frases de Francisco Yuste en su libro Herramientas de Coaching Ejecutivo, que me parecen muy acertadas y pueden resumir la acción de delegar:
RIENDAS SUELTAS EN MANO FIRME – Marca el destino y deja que tu delegado elija el camino
UN DELEGADO PREOCUPADO ES EL HUMO DE UN FUEGO QUE NO SE VE – Dota de confianza a tu delegado y establece los mecanismos de seguimiento adecuados
Buen Lunes!