La soledad del ejecutivo. El aislamiento del líder

«Si no cambias de dirección, acabarás en el lugar exacto al que te diriges.» Antiguo Proverbio Chino

La soledad es un estado mental que cualquier ser humano puede experimentar a lo largo de su vida o en un momento determinado, ya se encuentre rodeado de gente o sin nadie alrededor.

Esta situación o estado puede darse igualmente a nivel empresarial, por defecto, los ejecutivos suelen sentirse solos al carecer de compañeros del mismo nivel lo suficientemente cerca para comentar situaciones profesionales (o personales) y ser advertidos o aconsejados. Sus subordinados suelen ser reticentes a expresar una opinión contraria a sus decisiones o actitudes, por lo que en última instancia esta soledad del ejecutivo puede conllevar al aislamiento del líder.

No es algo corriente que un líder o ejecutivo dude de las acciones que deba tomar, es una persona con capacidad de ver más allá, los siguientes pasos, las consecuencias de sus decisiones, posee la característica de conseguir su misión a través de sus propios valores y los de su empresa, posee una visión específica sobre lo que hay que hacer y cómo.

Pero hay veces que desde la soledad de un despacho, escritorio aislado, o mesa rodeada de gente, la seguridad se invierte y se abraza la duda. El líder pierde el contacto con la realidad que gobierna su equipo y con las consecuencias del devenir de las decisiones tomadas o aún por tomar.

Se presupone la omnipresencia y sabiduría del ejecutivo como líder, añadiendo más presión y aislamiento cuando se carece de conocimientos necesarios o aptitudes para tomar o realizar ciertas acciones. Nadie nace sabiendo y tampoco el líder nació siéndolo. Recordemos que una de las características de un buen líder es la honestidad y la humildad, es sincero con los demás pero lo es aún más consigo mismo.

Un líder ejecutivo toma decisiones y lleva a cabo prácticas organizativas según su escala de valores, su sentido común, su manera de lidiar con el mundo. Dicho esto, toda organización evolucionará en base al estado de su equipo de liderazgo, por lo tanto, existirán dos direcciones de movimiento:

  • «Hacia atrás», tomando decisiones y ejecutando prácticas anteriores poco efectivas, ignorando el pobre resultado de las mismas.
  • «Hacia delante», impulsando el cambio a través del liderazgo en comportamiento y prácticas de un nuevo paradigma que los empleados adoptarán y necesitarán integrar como individuos para que inunde toda la organización.

Un buen líder absorbe incertidumbre, genera certidumbre gracias a su visión, a su fortaleza y su seguridad a la hora de articular las decisiones. El ser humano se mueve por emociones, por sueños, y tristemente en más empresas de las que nos gustaría, se desprecia la capacidad de nuestros ejecutivos de sentirse identificados con inspiraciones profesionales que generen visión. Una causa. Un movimiento.

Cuando el ejecutivo, desde la soledad de su trabajo pierde su visión, lo pierde también la empresa. Entonces surge la pregunta: ¿a quién sigue el ejecutivo? ¿al líder transformado en presidente, director o delegado de la empresa? El ejecutivo, como líder, debe seguirse a si mismo para generar cambio, movimiento, el giro que precise el momento en cada circunstancia.

Entonces es cuando el ejecutivo se levanta de su sillón, se acerca a escuchar a los empleados de su empresa, a los miembros de su equipo y transforma su liderazgo en servidumbre. El líder antes de pensar en cómo sus subordinados (o colaboradores) pueden servirle, se quita el traje de ejecutivo agresivo y se pregunta cómo puede ayudar él a su equipo. Pregunta y da respuestas, ofrece soluciones a las necesidades de sus empleados, genera confianza, cambia la luz de un flexo por una linterna y se convierte en guía del camino.

Buen Lunes!